Hoy finalmente oí tu voz,
tu voz tibia llena de momentos,
tu voz que resuena en mis recuerdos
_uno a uno
y llena cada olvido,
tu voz que fabrica sueños,
tu voz que los cumple.
Hoy finalmente oí tu voz,
y oí tus labios secretos tras tu voz,
_y oí tus silencios discretos
_y tus besos.
Hoy te extraño más,
__es cierto,
pero hoy mi sueño se sentará
__sobre tus recuerdos,
hoy la noche posará sus sombras
_en mis ojos llenos de ti,
__que te anhelan.
Hoy te hiciste voz
_tras ser recuerdo
__tras ser ausencia,
te hiciste voz,
_la más dulce.
Y fuiste voz en mí, vos en mí.
Y fuiste voz secreta para dos,
voz cercada de silencios ignorados,
de recuerdos siempre presentes,
de momentos.
Hoy finalmente oí tu voz
y recordé cuanto te extraño.
Y finalmente dulces sueños,
_para ti,
los míos se quedaron en la línea,
_y dicen no regresar
__si no estás tú.
Es extraño, hoy finalmente siento que puedo recordar a Cp, sin temor al dolor que antaño esa ardua tarea implicaba. Hoy la he recordado en sueños breves entre vigilias extendidas, y en medio de las vigilias extendidas. Hoy la he recordado más de lo normal, la he pensado más de lo normal, pero no estoy seguro si ello se debe a que la impensable tarea del olvido finalmente se rinde, o a que mi alma se regocija en los recuerdos que ya no hieren. Cuando la pienso, sin embargo, no lo hago más que para recordarla junto a mí; y cuando la sueño lo hago para imaginarle a mi lado. Es extraño, y tambalean mis certezas, cualesquiera que momentáneamente sean; no se si solo intento engañarme y en el fondo solo apilo más daño sobre mis hombros raídos por su peso, no se si el olvido real duele menos que el impuesto, no se si su rostro es el de una amiga finalmente o si los recuerdos son el maduro rastro de un pasado superado. Besarle nunca había significado menos, mas los sueños delatan el oculto deseo de hacerlo. La tranquilidad se siente ajena, como si fuese prestada, como si fuese alquilada, como si estuviera sin quererlo, la tranquilidad se siente incómoda en compañía de mi soledad, se siente ajena como si no estuviese invitada, como si no fuera bienvenida. Bienvenida es la tranquilidad que amenaza con escaparse, aunque lo haga. La tranquilidad se ve profanada por recuerdos de otros tiempos, y por promesas de los que no han sido. Como si me mirara a los ojos y se viera demacrada, como si pensara en amores lejanos mientras le hablo. Hoy no amo a Cp, lo que no es nuevo, ni la extraño, lo cual desconocía. Hoy me es indiferente su mirada, hoy no necesito sus ojos, y el viento no me ha narrado sus cabellos uno a uno, ni me ha susurrado el secreto tras su piel, hoy el viento me ha mirado a los ojos y ha decidido contarme una historia nueva tras los pliegues de algún futuro, rica en misterios. He contado, para no perder la tradición, la historia del viento, en breve, a alguna amiga improvisada que a cada día deja de ser improvisada y es más amiga. No es una historia demasiado elaborada, más bien se jacta de simpleza hermosa y precisa, como pocos oradores lo saben hacer, como solo el viento es capaz de contar en silencio.
Las lágrimas se hicieron fuertes, los llantos quebraron mis reclamos, socavaron mis lamentos hasta el fondo de algún tú, reclamaron conjugar segundas personas en todas las formas verbales del tiempo presente, reclamaron no olvidar en el pasado el tiempo futuro, te amo, te extraño, te miro, te busco, te abrazo, besando, recordando, siendo feliz, haciendo feliz, viviré, soñaré, moriré a tu lado. Los recuerdos inundaron al secreto rincón de mi pensamiento que reservo para el presente, se colaron por los valles del futuro navegando en contracorriente. Las miradas se ocultaron, mientras esperaban que escuchara el reclamo de mi alma, pacientemente. Mi mano insegura duda al escribir; mi mirada rígida busca líneas ya escritas, por miedo a que se escriban nuevas sin coherencia. Escribiendo, adorando. Los sonidos de siempre abarcan el fondo del silencio, casi fundiéndose con él. La noche se cubre con pudor tras la cortina. Las letras se apiñan por miedo al borde de la hoja, igual que los recuerdos se apiñan por miedo a ser presente, o futuro. El lápiz corre tras el espacio vacío, como queriendo inundarlo por siempre; también yo he corrido por espacios vacíos queriendo inundarlos por siempre, solo que nunca llegué a inundarlos de forma tan definitiva, solo que nunca estuvieron realmente vacíos, solo estuvieron desconocidos. Recorrido, explorado. Seré. La hoja blanca pareciera también reclamarme por ignorar de forma caprichosa aquellas formas verbales que te incluyen de forma implícita, pide a gritos que te escriba, que te piense, que te ame, que te jure presentes infinitos que se extienden más allá de cualquier futuro, y en cierto modo le doy gusto, de alguna manera te pienso, te escribo, te amo de alguna manera secreta que solo tú y yo conocemos, pero que solo yo recuerdo. Tu ausencia, tu rostro, tu piel. No te escribiré sin un motivo, busquemos pues alguno. Se han acabado los futuros que me incluyen y te incluyen, se han perdido nuestros pasados remotos en algún pasado próximo, se fugan juntos entre cartas archivadas y olvidos finamente catalogados, que remite un olvidante a quien quiera leer sueños desconocidos. Las líneas se estrechan y aún no encuentro nuestro tiempo. Pensarte, olvidaré jamás. El infinitivo se ha ido, lo vi fugarse tras la esperanza, o alguna otra mentira bien contada. El gerundio se esconde tras el presente agotado, juntos se rinden. Se han acabado uno a uno los condicionales. Intentando. Busquemos pues espacio, ya que el tiempo es tan esquivo.
El aquí se niega, mientras no está el ahora. El allí se hace difuso, las referencias te incluyen, o incluyen a alguien más; y ni tú ni nadie acepta detenerse a esperarlo. El allá se hace lejano, juega a ser futuro, muere en el intento. Entregando, muriendo, deseando. Donde sea, parece aceptar ser cómplice de mis letras errantes, donde sea. Donde sea abrazo tu cuerpo frío, en cualquier lugar moriré por ti, he soñado tu sombra tras de mí, recordando tu calor, vivir entre tus sueños. El lenguaje se niega a cooperar, tendré que inventar verbos capaces de ignorar el tiempo, que apenas rocen el presente con mirada ausente. Los verbos son esquivos, tendré que usar otras palabras. La ausencia de tus besos, tras labios deseosos de otros labios, quebrantadores de pensamientos diferentes, lejanos de ti. Los sentidos exploradores de caminos cercanos a tu cuerpo, miradores de miradas, opresores de libertades ignorantes de ti. Los olvidos soñadores de tu cuerpo, disipadores de amaneceres, disipados por atardeceres, saboteadores de anocheceres, presencia inolvidable, recalcitrante y constante en luneceres. Mi presencia se hace infinita nuevamente. Olvidando, dormiré. Mi ausentología de ti se hace difusa. Mi ausentografía de ti pierde el rumbo, en especial upa, tras perfluye. La historia de tu ausencia culmina allí, donde lunó.